Seguro que a todas os suenan esas secciones que aparecen en las revistas de moda en las que emparejan las imágenes de dos mujeres luciendo el mismo vestido. La comparativa suele venir encabezada con una pregunta del tipo ¿A quién le sienta mejor? o bajo el titular Duelo de estilo. En no pocas ocasiones, tengo que aguzar la vista para percatarme de que, efectivamente, se trata del mismo traje. Pero ¿por qué parecen tan distintos en un primer momento? La respuesta es sencilla. Los complementos elegidos por cada una de ellas –las medias, los zapatos, los collares, los cinturones, los pañuelos– son tan dispares que conforman looks desemejantes.

Como diseñadora me he visto muchas veces en esa situación. He sido testigo de cómo dos mujeres que han elegido una misma prenda en mi atelier han decidido utilizarla de forma antagónica. Así, en un caso, una de mis blusas de satén se combinó con una falda de tweed y unas bailarinas, y en otro, con una falda larga de gasa y unos tacones de aguja. ¿Fue errónea alguna de estas dos opciones? Por supuesto que no. Podría seguir poniendo muchos otros ejemplos como el de una chaqueta de terciopelo que, en un primer caso, puso un elegante contrapunto a unos jeans y, en otro, se conjuntó con un pantalón de vestir.

Las mujeres hacemos nuestras las prendas que compramos y las encajamos con el resto que tenemos en nuestros armarios a nuestro antojo. Antes ni siquiera de pagarlas, ya nos has imaginamos mezclándolas con otras, con esos botines, con aquel blazer o con aquel bonito foulard… Si todas construyéramos los mismos looks en base a las mismas prendas, el mundo de la moda perdería su encanto, su chispa.

Cuando era pequeña, me fascinaban los recortables de muñecas. Me pasaba horas y horas doblando cuidadosamente las lengüetas y probando de mil maneras diferentes todos aquellos vestidos y complementos que venían en cada cuaderno. No había límites, el único límite era el de mi propia imaginación. Aquella máxima de mi infancia la he tenido muy presente a la hora de ponerme a diseñar y, por eso, intento que mis prendas sean lienzos en blanco que cada mujer pueda personalizar como desee, que las permita hacer de ellas algo único.